El amante de los cielos



1
Aquella noche


Aquella noche mientras las luces de las estrellas iluminaban el camino de Estela, Morgan se encontraba ya esperándola desde la ventana de su habitación. Esta daba directamente hacia la calle donde la chica se encontraba andando hacia su hogar. Una casa no muy lejos de la del chico. Tan solo con cruzar la calle y andar dos viviendas más por la derecha bastaban para que este par de adolescentes se encontrasen y hablaran frente a frente.
Morgan, el tercer hijo de siete. El único con el cabello lacio de sus hermanos, él único con ojos color miel, él único chico enamorado de Estela. A sus diecisiete años no había conocido mujer más hermosa que ella; su piel era tan blanca como la neblina y sus labios tan rojos como la sangre misma. Su cabello brillaba bajo el sol y bajo la luna. Su sonrisa deslumbraba más que cualquier zafiro en los cielos.  Ella simplemente era hermosa para él. Y él… ¿Acaso él significaba algo para Estela? Quizás no, más que un simple vecino. Un vecino, que le espiaba mientras ella regresa de la escuela cada noche. El chico no podía evitarlo, la amaba en secreto y por nada del mundo se lo diría, o al menos no hasta que su vida o la de ella dependieran de ello.
Estela se detuvo frente a su casa, aquella noche parecía algo más fatigada de lo normal. Según lo que su joven enamorado había escuchado e investigado la chica estudiaba la secundaria técnica vespertina aún, mientras que él apenas iniciaba la carrera en el conservatorio de música.
El chico tomo  su cámara polaroid  digital que había dejado cerca de si para capturar el rostro de la chica una vez más. Miro al lente y con un suave movimiento de su dedo índice capturo el momento. Miro la foto para asegurarse de que hubiera salido perfecta. Detestaba que saliera borroso cualquier detalle de ella. Aquella fotografía era tan perfecta que no podía dejar de vela a tal grado que no pudo darse cuenta de lo que sucedía del otro lado de la calle hasta que escucho un fuerte grito. Sus ojos se fijaron rápidamente en la chica quien se encontraba con la espalda pegada a la puerta de su casa. Su rostro había palidecido aún más de lo normal y su mirada se había posado en el cuerpo desnudo de aquel hombre con alas que había aparecido de la nada. ¿Un hombre con alas? ¿Desnudo? ¿Acaso se trataba de un ángel? Sin duda alguna aquello no era normal. Morgan tomo nuevamente su cámara para poder observar  a detalle que es lo que sucedía mientras que en su cabeza se encendía un debate entre llamar a la policía o mantenerse oculto. El hombre desnudo tenía un cuerpo atlético, como el de los nadadores profesionales y poseía un color de piel que fácil podía describirse como bronce y oro mezclados en perfecta armonía. Estela se mantuvo aterrorizada hasta que aquel presunto ángel dio unos pasos hacia ella. Un grito más y Morgan no dudo en tomar otra foto, el flash de la cámara ilumino la calle y un segundo después una corriente de aire lleno la habitación del chico. Movido por alguna fuerza extraña Morgan  coloco la cámara frente a la ventana y la cubrió rápidamente con la ropa sucia que estaba a un lado de él, presiono el botón de grabación y se lanzó a la cama. Sus pies le temblaban sin remedio alguno, sabía que se había metido en un serio problema y de alguna manera un sentimiento que solo podría describirse como ansiedad y nauseas le inundo el cuerpo obligándolo a mantenerse oculto bajo las sabanas.
El silencio invadió todo el lugar, tanto en el cuarto del chico como la calle. Y Morgan cayó en un profundo sueño, pero no sin antes ver enfrente de él a un hombre con alas, que le sonreía desde el otro lado de la habitación, aquella sonrisa era simplemente perfecta y malévola.
 Aquella noche Estela desapareció junto con él ángel. Aquella noche Morgan dejo de soñar pues ahora cada vez que intentar dormir vería aquella sonrisa que el ángel le había regalado. Pero aquella noche no sería la única vez que, aquel hombre desnudo con alas y Morgan se verían las caras.



Morgan despertó gritando aquella madrugada, por alguna razón que desconocía una enorme angustia se había impregnado en su piel como si las sabanas que le cubrían lo hubieran adherido  a él como una segunda piel. Su grito no despertó a sus padres que dormían al fondo del pasillo. El único que lo escucho fue su hermano mellizo, quien entro al cuarto de inmediato. Mayben era alto y atlético, a diferencia de Morgan que era un poco más bajo y un poco más robusto que su hermano, a veces le costaba creer que ambos habían sido parte del mismo embarazo.
               —¡Morgan!¡Morgan! —Le grito el chico tomando por lo brazos su hermano y sacudiéndolo un poco para que pudiera reaccionar. El chico  se encontraba fuera de sí, no sabía que es lo que estaba pasando a su alrededor y lo único que hacía era gritar y respirar de una manera muy agitada, empezaba a sudar en frio —¡Mor! ¡¿Estas bien?! ¡Mor!
                Morgan tardo unos segundos en tranquilizarse al escuchar como su hermano le llamaba Mor. De niño, era muy recurrente en que terribles pesadillas le despertaran por las noches y Mayden siempre estaba ahí para tranquilizarlo como en aquel momento. Respiro hondo un par de veces hasta que pudo tragar saliva y señalar que se encontraba mucho mejor.
                —¿Qué ha sido todo eso? — Pregunto May —¿Volvió El monje y sus secuaces? — El moje y sus secuaces era el nombre que le habían puesto a las diferentes pesadillas que Morgan solía tener de niño.
                —No… —La voz apenas le salía al pobre chico.
Ambos hermanos estaban ya sentados en la orilla de la cama, May llevaba apenas unos bermudas largos mientras que Mor usaba la misma ropa que había usado durante todo el día.
                —¿Quieres hablar sobre eso? Digo, hace mucho que no despertabas así… Creí que lo había superado
                Morgan no pudo contestar nada, en su mente aún tenía la imagen de aquel sujeto desnudo frente a él sonriéndole antes de que todo se pusiera oscuro.
                —Lo hice May, supere las pesadillas —Se defendió Mor cuando por fin pudo hablar
                —¿Entonces?
Mayden siempre había sido el más maduro de los dos, el que siempre estaba ahí para cando Morgan lo necesitaba y en aquel momento May se encontraba preocupado por su hermano.      
                —No, lo sé —Guardo silencio por unos segundo y miro su ropa, él jamás dormía con ropa puesta a menos que sean sus bermudas. —No recuerdo haberme dormido…
                —Seguramente estabas muy cansado, será mejor que trates de dormir nuevamente.
May se puso de pie no sin antes darle una palmada a su hermano en la espalda. Se estiro antes de avanzar a la salida y cuando salió del cuarto  Morgan se puso de pie y fue hacia el montón de ropa sucia que estaba frente a la ventana, se quitó la playera que traía puesta y la lanzo al suelo, se desabotono el pantalón y  se quitó los calcetines. La sensación que lo había despertado empezaba a desvanecerse mientras se colocaba frente a la ventana buscando sus bermudas cuando encontró la cámara aun grabando y pitando la advertencia de “pila baja”. Paro la grabación y se olvidó de las bermudas. No recordaba haber dejado la cámara grabando ni el por qué lo había hecho. Se sentó en la cama y movido por la curiosidad empezó a ver las fotos que había tomado con la cámara. Absolutamente todas las fotografías que poseía la memoria eran de una chica. <<Hermosa>> pensó al ir pasando por entre las fotos hasta que llego al video que momentos antes había detenido. Con nervios y algo de miedo que le corría por el cuerpo pulso el play, pero automáticamente la cámara se apagó. La pila se había agotado en su totalidad.
Morgan puso a cargar su cámara y después de colocarse las bermudas volvió a la cama pensando en solo dos cosas. ¿Quién era aquella chica? Y ¿Por qué el tenia esas fotos?


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