Un Incomprendido Desamor || Capitulo 2 || En lo profundo del dolor



Los ojos rojos y el picazón en la garganta se prolongaron aún más cuando Eduardo entro a la casa de Alana, lo cual por cierto no fue fácil. Alana era la chica popular del colegio, así que en teoría medio colegio si no es que todo estaba dentro de su casa de lujo. Sus padres al igual que la mayoría de los padres del colegio eran personas que según Eduardo, podrían cagar dinero sin sufrir la devaluación. Aunque él viviera con su tío quien no llevaba una vida de lujos, sus padres se dedicaban a mandar el dinero necesario para que Ed consiguiera estar en una escuela de paga. A él le daba lo mismo estar en cualquier escuela. Pero no podía renegar de nada. Sus padres lo habían querido mandar a un colegio militar para niños de su edad. Porque su padre habían dejado de creer en él. De que algún día cambiaría. Pero lo que no entendía es que Eduardo no tenía un problema de conducta, lo que él sufría era Hiperactividad, aunado a ser el hijo menor de una gran familia le hacía ser una carga que no tenían pensado sobrellevar. Es por eso que después de haber intentado retener su mente y ganas de hacer muchas cosas a la vez, sin poder mantener la concentración en algo en específico anunciaron a sus familias que Ed, seria internado lo cual a su tío Julián no le dio gracia y decidió hacer lo que nadie más quería hacer, cuidar de él y ayudarle. Por eso para el chico, el tío Jubilan era la única familia que él necesitaba y que le importaba. Su educación previa a la secundaria fue estrictamente en casa, su tío con sus poco convencionales métodos de concentración le ayudaron a mejorar y dejar de meterse en problemas pues antes de llegar a vivir con su tío, otra de las cosas que Ed no podía controlar era su poca paciencia a las personas estúpidas. O al menos eso es lo que él dijo cuándo le pregunto su tío ¿por qué había golpeado a la mayoría de los niños de su salón?
―Son idiotas ―Dijo ― Algunos nacen idiotas, otros aprenden a hacerlo y los demás son tan torpes que se dejan dominar por los idiotas.
Sus palabras también tendían a no medirse
―Eres imposible, ¿Acaso eso te han enseñado tus padres, Ed? 
―¿A quién le importa eso? 
―A mí me importa, Ed, de ahora en adelante viviremos aquí, juntos y si crees que todo el mundo es un idiota tal vez el idiota eres tú ¿No crees? 
―¿Tú también me crees un inútil sin remedio? 
―Absolutamente no, veras Eduardo, aquí todos somos idiotas bien lo has dicho, pero no por eso debemos de comportarnos como uno, lo que quiero decir es que golpear a otros es una acción de idiotas. Y tú no eres un idiota aunque todos digan lo contrario. 
―¡Pero es que se lo merecían! 
―¿Le dijiste el por qué a tus padres? ¿Por qué se lo merecían? 
El chico guardo silencio, solo se quedó callado y al ver que su tío no sucumbía ante su silencio decidió salir corriendo hacia su nuevo cuarto. El tío Julián se quedó ahí viendo la sombra de Eduardo difuminarse como un viejo recuerdo en una mente vieja. 
―Huir también es de idiotas, Ed 

Esa misma noche cuando Eduardo bajo de su cuarto a la cocina en busca de comida se encontró con su tío esperándolo en la mesa de la cocina con un plato de huevo revuelto y pizza puestos en la mesa
―Come, anda ― Le invito su tío ― Un idiota dejo esto para ti.
Su tío le tendió un par de cuadernos de hojas blancas, colores y lápices, Eduardo se sentó en la silla, miro su cena con extrañeza, hasta ahora aparte del sazón de su madre y el suyo (sus hermanos jamás tenían tiempo para hacerle de comer y cuando lo hacía su comida no sabía bien por lo cual Ed había decidido ser su propio cocinero y hasta ahora había sobrevivido de cereal, galletas y leche, cuando no había quien le preparara la comida) y luego miro a lo que su tío le había dado tan solo unos segundos y pensó Esto es más de lo que mis padres y hermanos me han dado, sin gritarme 
―¿Es para curarme? 
―¿Curarte? ¿De qué hablas Ed? ―Pregunto su tío. 
―Esto ―Señalo el cuaderno y los colores ―Es para curarme ¿cierto? Para que deje de ser un fastidio 
El tío Julián soltó una carcajada enorme que asusto a su sobrino por un segundo hasta que se dio cuenta de que aparte de él nadie más entendía por qué se reía de tal manera 
―Perdona, perdona ―Dijo calmando su carcajada ― ¿Curarte? Ed, ¿En verdad piensas que estas enfermo? 
―Eso dijo mi mamá 
―¿Entonces eso te han dicho? ― Eduardo se sintió más pequeño de lo normal, se sentía con extrañeza, inseguro ― ¿Quién más lo dice, Ed? 
―¡Todos, todos los idiotas de mi salón! ¡Ellos dicen que estoy enfermo, que no debería de jugar con ellos, que debería de estar muerto, que los niños como yo terminan en el manicomio, atados de manos y viendo cosas que no existen! ―Todo lo que se había guardado toda la tarde salió en ese momento sin poder frenar a su voz 
El tío Julián lo miro por dos segundos y volvió a reír a carcajadas y Eduardo estuvo a nada de salir de nuevo corriendo hasta su cuarto. 
―¡Pero que idiotas! ― Dijo el tío Julián entre risas sin poder parar, al oírlo Ed sintió algo extraño en su ser, algo que no había experimentado en mucho tiempo― ¿Esos chicos te dijeron eso? ¡Pero ya veo porque los golpeaste! Tú, tu ―Apenas podía hablar sin reírse ―Tu no estas enfermo Eduardo, tu… ―De nuevo la risa, y Ed empezó a sonreír contagiado del ataque de risa de su tío ―Lo que tú tienes, a mi ver, es un súper poder, mi amigo. Tu mente trabaja tan rápido que le es casi imposible asombrarse con lo cotidiano, la rutina te aburre, tu no estas hecho para jugar con esos niños ― La risa había cesado, ahora el tío Julián hablaba casi con normalidad ― Ed, tu mente es prodigiosa, pero se nada servirá si no la disciplinas y yo te ayudare con eso, porque ¿sabes algo? ― Eduardo se preguntó si debía de contestar a esa pregunta ― Yo tampoco estoy hecho para los idiotas normales, Ed ― Entonces fue en ese momento cuando Eduardo se sintió aceptado después de mucho tiempo. 


### 

―¿Y a ti que te paso? ―Pregunto Dante cuando tropezó con Eduardo, el chico llevaba una camisa a cuadros estilo leñador de color azul, el color favorito del (según en propias palabras del mismo Dan) futuro gran cineasta del mundo y debajo una playera negra―Olvídalo luego me lo dices, no hay tiempo, necesito encontrar a Alana ¿La has visto por aquí?
Eduardo tuvo el deseo de golpear a su amigo en ese momento
―Si Dan, la vi hace un momento y nos besamos apasionadamente en la entrada ―Eduardo vio en el rostro de su amigo una pequeña pista de duda ― ¡Es obvio que no la he visto! Acabo de llegar, esos idiotas de la puerta no me dejaban entrar, tuve que darle dinero para entrar. 
―Hubieras entrado por el patio trasero. 
―Gracias, que considerado. ―Dan apenas le prestó atención, antes de dejar a su amigo hablando solo. ― ¿Pero a dónde demonios vas? 
La pregunta le quedo en el aire mientras que Dante se perdía entre la multitud. 
Demonios 
Eduardo siguió los pasos de su amigo y procuro no chocar contra un par de amantes exhibicionistas, un par de chicos que se retaban a ver quién bebía más alcohol 
Su amigo había llegado hasta la piscina donde su conquista y anfitriona de la noche se encontraba se encontraba nadando con su séquito de arpías a cada lado. Todas lucían un bikini diminuto que apenas dejaba algo a la imaginación. 
Ed no podía entender aun que es lo que tanto atraía a Dan de aquella chica. Era guapa, eso sin duda pero no tenía carisma, no tenía chispa o algo que le hiciera irresistible. Solamente los chicos con las hormonas más encendidas podrían desear algo con ella, eso abarcaba a la mayoría de los que estaban en aquella fiesta y aunque creía que su amigo era otro tipo de chico, uno que no caía en esas redes peligrosas de la seducción ahí estaba desabotonándose la camisa a cuadros dejando ver la playera negra con la frase "Aquí me tienes mirándote, chica" de Casablanca y el pantalón para quedarse en bóxer y meterse a la piscina 
―¡Hey Alana!―Grito Dante lanzándose al agua. 
Ed sintió el impulso de correr hasta él y tomarlo de los brazos para sacarlo de ahí lo más pronto posible. Su amigo no estaba en sus cabales, aunque casi nunca lo estaba en verdad, pero aquello, lo que Eduardo podría presentir salía del rango de excentricidad de su amigo. 
Tomó impulso para correr y hacer lo propio pero de pronto al llegar al borde de la piscina tropezó con una chica dejando caer gran parte de su peso encima logrando que ambos, tanto la chica como él cayeran al agua. 
― ¡Idiota!―Escuchó decir a la chica mientras salía a frote, el agua le nublo la vista por unos segundos pero había reconocido la voz ― ¿En verdad tenías que irte encima de mí esta noche? ―Siguió él reclamó ― ¿Primero el auto y ahora esto? ―Ed sintió un golpe en el pecho mientras tomaba a la chica por los hombros y trataba de encontrar algún hueco en los gritos de ella para poder defenderse o al menos pedir disculpas. 
―Escucha lo siento, eh ―Rosmery golpeaba su pecho con más fuerza mientras él intentaba hablar y tragarse un poco los golpes ― chica pimienta, lo siento ¿me escuchas? 
―¡Suéltame pervertido! ―Rosmery le dio una patada el muslo muy cerca de las partes nobles de cualquier hombre ― ¡Suéltame! 
Eduardo la tomó con más fuerza mientras intentaba no prestar atención​ a todo el público a su alrededor. Otra de las cosas que odiaba en el mundo era ser el centro de atención, por eso se juntaba con Dan, en muchas ocasiones él era el foco de atención más exótico y él permanecía a su sombra a salvo de miradas 
―¡Escucha! Lo siento, pero tengo que impedir que mi amigo haga algo estúpido ¿Recuerdas? Te lo dije antes de que me atacaras con tu estúpido gas pimienta. 
Rosmery no dijo nada solo intento zafarse nuevamente pero las manos de Ed la tenían sometida, ahora que lo veía, notaba sus bíceps forjados y entendió que no podría salir de ahí sin jugar sucio, así que re-calculo sus posibilidades y lanzo otra patada, esta vez los brazos del chico la soltaron de inmediato, la fuerza se le había ido y pudo salir de inmediato de ahí, Ed sintió como un creciente dolor subía por su vientre hasta dejarlo casi flotando a la deriva. Frente a todos los demás chicos quienes no tardaron en corear un "Uy..." 
Mierda 
Ella salió de la nada… mierda 
Se sumergió en el agua y dejo que el mundo corriera, ya no le importaba salvar a su amigo, solamente se dejó hundir hasta que los gritos, la música de la fiesta y el dolor en los testículos disminuyeron. 



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