EXILIO || CAPITULO 12


Capítulo 12



El problema con tratar con ganas de no pensar en algo es que es que pensaba en eso incluso más.

Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo de Benjamín Alire Sáenz

¿Embarazada? Es mi único pensamiento por cinco minutos o más. Poco a poco mi mente empieza a regresar de su viaje. Me siento raro. Como si una parte de mí se hubiera esfumado. No es el miedo, ese sentimiento aún sigue presente en mi estómago. No son las náuseas, aunque quiero vomitar. No es terror hacia Néstor, ahora le temo más.
— ¿Hugo? — Triz intenta que reaccione pero no lo hago
¿Un hijo? ¿Ahora? ¿Cómo? ¿Cuando? ¿Por qué? Me niego a creer que Beatriz está embarazada. No, no puede estarlo, no de mí. <<Con un carajo, Hugo, si llego yo ebrio con mi mujer no me dejara tener sexo con ella ¡por semanas! No lo hagas por ti, hazlo por mí. >> Escucho las palabras de Ness en mi mente. Néstor y ella también tienen sexo, así que no es seguro que yo sea el único responsable en todo este asunto. Además, si lo engaño conmigo pudo hacerlo con cualquier otro. Incluso quien sabe si simultáneamente se estaba acostando con más hombres.
—Es imposible —Reacciono — ¿Cómo sabes que es mío?
— ¿Qué insinúas?
—Lo que es, ¿Cómo sabes que yo soy el responsable de esto? Tú y Néstor han tenido sexo también y vaya a saber Dios con cuantos más te has acostado —Sigo hablando sin pensar —Es decir, te acostaste conmigo mientras tu marido estaba de viaje.
Beatriz me abofetea la cara.
— ¡Idiota! —Grita chillando.
La gente a nuestro alrededor nos mira, se han quedado todos en silencio. Somos los únicos hablando. No, no hablamos. Gritamos.
— ¿Insinúas que soy una perra? ¿Una prostituta?
—Mi madre lo describe mejor, piruja.
—Maldito bastardo, hijo de... —se detiene por un segundo y no termina el insulto —Escúchame bien Hugo, Esto —Señala su vientre —Es tuyo, y solamente tuyo. No me he acostado con nadie más.
— ¿Y Néstor qué?
—Néstor es estéril, imbécil.
No digo nada mientras la veo partir llorando. Sus palabras suenan convincentes. Y creo que en verdad la he regado. Si Néstor es estéril y Beatriz no ha tenido relaciones con nadie más...yo soy el responsable del embarazo.

Después de recogerla a la señorita Dolores en la Universidad la he llevado a sus clases de Idiomas. He esperado dos horas en el auto, escuchando música y durmiendo, hasta que ella ha entrado al auto con un par de amigas.
—Vamos al centro comercial. —Me ordena.
Perfecto, lo último que me faltaba es pasar un rato en el centro comercial con ella.
—Desacuerdo.

Conduzco hasta el centro comercial, las calles están más vacías y Dolores no se queja de la música. He seleccionado a Foo Fighters y dejo que The Pretender suene moderadamente alto. Trato de no pensar en el embarazo de Beatriz ni en Néstor, ni en mi padre ni en mi madre, incluso no quiero pensar en la estúpida charla de las amigas de Dolores. Pero no puedo. No puedo dejar de pensar en nada, debo concentrarme en algo, algo fuera de lo que estos últimos meses. Así que decido poner atención a las chicas.
—Tu madre es una pesada —Comenta una de ellas, la más bajita de las tres. —No puede controlarte todo el tiempo. ¿Cuántos mensajes te ha mandado el día de hoy?
—Veintisiete —Contesta Dolores.
—No jodas Lola, ¡tu madre es un fastidio!
—Lo sé, es desesperante, siempre quiere que le esté avisando a ¿Dónde voy?, ¿Con quién estoy? ¿Qué comí? ¿Cuándo comí? es un verdadero fastidio. Deseara no tener madre,
Dolores parece verdaderamente molesta, es por eso que me permito verla por el retrovisor. Peor mi mirada se encuentra con la otra chica que va con ella, ella me mira y se lleva el dedo índice a los labios, intenta seducirme y yo aparto la mirada de inmediato.
—Hoy incluso me ha traído la lonchera al auto cuando la había dejado a propósito en la concina.
Sus dos amigas ya no le hacen caso, ambas se dedican miradas para comunicarse entre si, mientras que Lola sigue hablando sobre su fastidiosa madre.
— ¿Chicas? ¿Me están haciendo caso? —Ellas no contestan y yo me siento incomodo, las amigas de dolores me ven como si trataran de desnudarme con la mirada. No sé qué mierdas les pasa, no soy tan atlético como Néstor, a su lado yo soy un debilucho, un flacucho. — ¡Chicas!
—Lola, ¿por qué no nos presentas a tu nuevo chofer?
Lola pone los ojos en blanco.
—Si Lola, preséntanos —Dice la otra.
Dolores suspira con fastidio
—Solo esto me faltaba...Bien, chicas él es... —Se queda callada por un momento —Ay perdonen chicas pero ni siquiera se su nombre, mi padre lo contrato la semana pasada, hoy es su primer día. Yo apuesto que no pasa de esta semana.
— ¿Una semana nada más? —Pregunta la chaparrita del grupo
—Sí, es un retrasado.
—Dolores no seas así, al menos déjalo un mes. Digo, no está de mal ver.
No digo nada, solo me quedo callado conteniéndome la risa. Estas chicas me ven como un adonis, se nota que no han tenido novio nunca.
— ¿y no piensas preguntarle su nombre?
—No — contesta dolores — es solo un chofer más en la lista. No vale la pena preguntarle su nombre.
—Si no lo haces tú yo lo hare. —Dice la otra chica, la que intento seducirme con su dedo índice en los labios.
Ella empuja a Dolores que está en medio para que se haga un lado. Cuando está en el lugar de Lola, se inclina hacia mí y colocas sus labios muy cerca de mi oído.

—Señorita, no debería de...—Su respiración en me pone la piel chinita —Usted no debería de estar así, por favor tome asiento. —Digo mientras aprieto el volante.
—Cual, es tu nombre —Me pregunta y pasa mu mano por mi pecho. Bajo la mirada un segundo para ver la dirección que toma. Me temo que esta chica quiere llegar a segunda base mientras yo intento no distraerme del camino.
—Señorita, por favor —Digo cuando siento sus dedos en mi abdomen.
— ¡Basta! ¡Eugenia! —Grita Dolores jalando a la chica hacia atrás. La agradezco en mi mente.
— ¡Dolores! Solo quiero saber su nombre.
—Me toca —Anuncia la otra chica.
—No, ¡Basta! Nadie le preguntara nada ya. Es solo un chofer.
— ¿Cómo te llamas chofer? —Dice la más bajita
— ¡Clara! —Chilla Lola, al parecer está acostumbrada a que se haga lo que ella quiere.
—Ay Lola, ¿Qué tiene de malo? Harás que se vaya en una semana, al menos déjame saber su nombre. Quizás mi padre lo contrate
—No, basta ya chicas. Ya llegamos verdad... ¿chofer?
—Si —Respondo y es verdad, hemos llegado al centro comercial.
Las chicas bajan de SMILES, no sin antes preguntarme de nuevo por mi nombre.
—Hugo—respondo desde adentro del auto.
Veo el rostro de Dolores enfurecido.
Me estaciono cerca, subo un poco más la música y me relajo. La conversación de estas chicas me distrajo lo suficiente de todo. Es por ello que estoy de mejor humor.
Espero por una hora más escuchando música y durmiendo. Me despierto esporádicamente para asegurarme de que Dolores no me encuentre dormido.
Cuando ella llega, no trae a sus compinches. No pregunto solo le abro la puerta para que pueda entrar al asiento de atrás.
—Odio a mi madre. —Sentencia.
— ¿A casa? —Pregunto antes de arrancar.
Cuando giro la llave escucho un Clic que no viene del auto. Dolores ahoga un grito y yo me encuentro frente a frente a una pistola 9 milímetros.



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