Y el silencio fue como la explosión más escandalosa que hubo entre los dos. No era un adiós, ni un hasta pronto; era un “no te necesito”. Un pensamiento venenoso que se coló por mis poros abiertos tras la pelea.
Nunca habíamos peleado así, de verdad.
Los golpes no dañaron ni rompieron algo dentro de mí; el martillo que destrozó todo fue su silencio al preguntar: “¿Ella o yo?”
Nunca habíamos peleado así, de verdad.
Los golpes no dañaron ni rompieron algo dentro de mí; el martillo que destrozó todo fue su silencio al preguntar: “¿Ella o yo?”