Sonó un estallido.
Un cohete lanzado desde la otra calle.
Fue tan fuerte… que el corazón de Inés se detuvo por un segundo.
¿Qué era ese sentimiento de inseguridad y miedo que la abrazó al momento del estruendo?
Esa sensación la cobijó una vez más… y más… con cada nuevo estallido en el aire.
¿Estaba de nuevo en la línea de fuego?
No.
No era eso.
Lo sabía.
Pero… ¿por qué tenía ganas de salir gritando?
Habían pasado meses desde el incidente.
Desde que estuvo a punto de morir.
Desde que una bala le atravesó el hombro.
¿Por qué esos ecos de caos, miedo y dolor aparecían de nuevo?
¿Por qué ahora, después de haber superado el trauma en terapia?
Ya podía caminar sola por la calle otra vez.
Y los ruidos fuertes ya no la hacían brincar…
ni correr a cubrirse debajo del escritorio…
o de un auto.
Eran cosas del pasado.
¿Entonces… por qué ahora sentía todo eso de nuevo?
—¿Estás bien? —escuchó que le decía su prometido,
mientras le tomaba por el hombro,
y con un suave apretón le hacía saber que estaba ahí para ella.
El tiempo se detuvo… cuando giró hacia él.
A su lado no estaba su amado novio…
sino un policía,
que alejó la mano de su hombro cuando ella volteó.
Estaba en el banco.
Con el número de cuenta en la mano.
¿Qué había pasado?
—¿Señorita, está bien? —volvió a preguntar el oficial—. Es su turno.
Inés no comprendía qué había ocurrido.
Solo sacudió la cabeza,
como si hubiera estado divagando.
Pero ese sentimiento de incertidumbre…
le decía que algo malo iba a pasar.
Se acercó a la ventanilla.
Reconoció al chico que la recibió con una sonrisa.
Lo había visto antes…
…cuando lo vio morir ante sus ojos.
Un disparo en el pecho.
Lo recordaba bien.
Y el miedo comenzó a llenarla por dentro…
como veneno.
Sabía lo que vendría ahora.
—Eh… —intentó decir algo. ¿Una advertencia, quizás?—. Tenemos que sal…
No pudo terminar la frase.
Un nuevo estruendo la hizo saltar del susto.
—¡Atención! ¡Si quieren seguir vivos, al suelo de una puñetera vez! —gritó un hombre encapuchado, levantando un arma en alto.
Inés no comprendía lo que estaba pasando.
Un momento antes estaba en la cena de Navidad con su prometido…
Y ahora… estaba de nuevo en el banco.
El día del incidente.
¿Acaso esa visión anterior había sido una advertencia?
¿Una premonición?
Si era la última…
sabía que saldría con vida.
Que habría un futuro después de ese día.
Y eso… le dio esperanza mientras se tiraba al suelo.
El mundo a su alrededor se volvió caos,
mientras mantenía la mirada clavada en el suelo.
Escuchó el siguiente disparo.
Más cerca.
Lo habían matado.
Al chico de la ventanilla.
Intentó buscar con la mirada al policía que antes la había despertado de su trance.
Lo encontró en la puerta.
Otro tipo le apuntaba a la cabeza.
Lo reconoció.
Sabía quién era.
Y el corazón volvió a detenerse por un segundo.
Su rostro.
Su porte.
Su cabello.
Sus ojos.
Todo estaba ahí.
Era el rostro de su prometido.
Acto seguido, ese hombre…
que tenía el rostro de su amado…
apretó el gatillo.