Cuando entre a la casa lo supe.
Ella murió aquí.

No lo supe hasta que tú dulce aroma a menta entró como un remolino de emociones y recuerdos en mi nariz.
El solo aroma de ti me anudó la garganta y quebró la falsa idea de que eras cosa del pasado. Creí ser más fuerte.

Cómo olvidarte si cada pared contiene algo de ti. 
Los cuadros que solías pintar para mí
Cómo olvidarte si en cada rincón se que me amaste. Cuando me ayudaste a rededorar este hogar
Cómo hacerlo cuando tu recuerdo me acompaña siempre. Tu foto enmarcada en mi escritorioMe protege.
Cómo hacerlo si el jardín aún florece sin ti. 
Me enseñaste a cuidar de el
Cómo hacerlo si tu aroma sigue en mí. 
Tu abrazos aún los llevo en mi ser

Mamá… debí verte diario.
Mamá… debí amarte como antes.
Antes de partir.
Antes de hacer mi vida.

—No te culpes. Jamás te fuiste de mi lado.

Tu voz resuena en mi mente, como un eco. Tan dulce, tan clara… que te creo aquí, dentro de esta casa, conmigo.
Pero no.
Es solo el jazmín.
El que te prometí.
Jamás viviste aquí. Pero tus visitas, tus regalos, tu presencia se siente aquí, como si está hubiera sido tu casa también, como si hubiéramos vivido las dos juntas aquí.