Hace años lo olvidó.
Hace años lo enterró.
Hace años la oscuridad lo acobijó.
Cuando Nicolás era un niño, solía imaginar que salvaría al mundo.
Lo deseaba. Creía realmente que podía hacerlo.
Pero nadie le creyó.
Nadie confió.
Su deseo latente, poco a poco, se apagó.
La vergüenza lo envolvió.
Su corazón se endureció.
Cuando creció, ese miedo al rechazo no hizo más que crecer con él.
Se aisló. Se apartó del mundo real para vivir en el suyo.
Lo llamaron raro.
Lo llamaron llorón.
Lo lastimaron, lo humillaron por no pertenecer a ellos.
Sus deseos no eran de salvar. Los de ellos eran realistas.
El suyo era idealista, fantástico… bobo.
—Nadie arriesgaría su vida por alguien que apenas conoce. Tu idea de ser un héroe es boba, solo existe en los cómics —le dijo su madre una vez—. Mira a Spiderman: siempre está pasándola mal, su tío murió, su tía estanen peligro constantemente por la doble vida del chico, su empleo está mal pagado, y siempre le dan una paliza. Ser un héroe como ellos solo traen desgracias.
Deja que otros lloren en su casa, tú preocúpate por que no lloren en la tuya.
Y esa idea se le pegó por años.
Dejó de pensar en salvar al mundo.
Dejó de soñar.
Pero fue ver a ese niño correr hacia el peligro lo que trajo la idea de nuevo a su mente.
Una idea enterrada… que renació.
Corrió.
La madre del niño estaba perdida en su celular, sin notar que el pequeño bajó de la carriola y gateó hacia las vías.
Nadie más lo vio. Solo Nicolás.
Gritó, empujó, pidió ayuda. Nadie lo escuchó.
Nadie hizo nada.
Así que saltó.
Estiró la mano todo lo que pudo.
Agarró al niño del tirante del overol.
Lo sostuvo.
Y lo salvó.
No había salvado al mundo…
pero sí el mundo de alguien.
Se puso de pie con el niño en brazos.
La gente por fin miró.
La madre lloraba. Lo abrazó.
Fue ahí cuando Nicolás alzó la vista.
El ventilador, justo encima del banco donde esperaba hace unos minutos, se tambaleó.
El soporte se rompió.
Cayó.
El estruendo fue tan fuerte, que el mundo a su alrededor enmudeció.
Dos vidas se habían salvado…
y otra no.
Ese deseo que renació…
lo salvó.
Aunque al final,
no logró salvar a todos.