Cuando la noche cae, se suele ver entre las sombras. No es humano, no es un animal. No es algo natural.
Algunos piensan que es solo un cuento, una leyenda urbana.
Un ser nacido del colectivo humano.
Uno que nadie ha visto en años.
Solo mi abuelo.

Él me dejó este bestiario: una libreta con apuntes de bestias urbanas que habitan la misma tierra que nosotros. Coexisten codo a codo sin que nadie lo sospeche.
Dragones, hadas, genios... de eso conocemos ya sus historias. Existieron, sí, pero ya no viven en las grandes urbanizaciones. En cambio, hay otras que nacieron aquí. Crecieron aquí y se niegan a irse.
Es aquí donde él vive.

Una criatura juguetona y noble que suele esconder cosas, como tus llaves o esa nota importante. No lo hace por maldad, solo se aburre y le gusta ver a la gente buscar cosas. Según mi abuelo, le gusta que la gente valore lo que tiene y pone a prueba ese valor.
Le llaman Olvido, y hace poco llegó a mi puerta.

Al igual que mi abuelo, puedo ver estas criaturas, y por eso vino por mi ayuda...
Lo están buscando para darle caza.
Lo culpan por la desaparición de personas, niños, mascotas y, ahora, de las mismas bestias que habitan la ciudad.
Él no parece ser el tipo de criatura que haría eso.

Es flacucho o robusto, depende de dónde se esconda. Se camufla con el entorno y lleva joggers, vans y una sudadera roja con el número 19 en la espalda.
Es peludo y tiene cara de canino. Sus patas traseras son de conejo, y las delanteras, de reptil. Tiene un par de alas pequeñas, llenas de plumas bicolor —azules y rosas— que al cruzarse forman un morado llamativo que va con el color de su cuerpo: un grisáceo claro.
Sus ojos son grandes y expresivos. Su cola es larga, y puede sostenerla con sus manos para no tirar las cosas a su alrededor.
Lleva un reloj de mano. Igual al mío. Igual al de mi abuelo.

Por eso sé que, si mi abuelo confió en él, yo puedo hacerlo también.
Al final, este es mi legado. El de mi familia.
Y Olvido necesita mi ayuda. 
A lo mejor... 
Si le ayudo, recordaré quien solía ser antes del accidente. 
Antes de dejarme hundir en mi propia misericordia.
Olvido parece ser mi salvación y yo la suya.
A decir verdad, me había olvidado de mi mismo hasta que él aprecio.
Aunque el tiempo es limitado.
Mi vida es limitada a estas alturas.
El cáncer no se irá, pero si puedo volver a ser yo.
El Link de antes.