Suelo pasar el día inmóvil, cargando el peso de muchas personas sin querer.
No miento: literalmente cargo a las personas.
Soy ese consuelo tras un día pesado, ese lugar seguro para recibir noticias malas. Eso me estremece.
También soy la vigilante perfecta, o simplemente la espectadora de emociones: amores, desamores, ilusiones y decepciones.
Algunas veces —y contadas veces— el refugio de quienes están a punto de exhalar su último aliento.
Conozco secretos… y otros que desearía no haber escuchado.
Soy un lugar que comparten desconocidos, familiares, amigos... amantes.
Veo pasar el mundo, vivo de sol a sol, de luna en luna.
Estaciones que cambian me visten y me desvisten: primavera, verano, otoño, invierno.
Soy el refugio de animales indefensos, o el sitio donde atan a los no amados. Eso siempre me rompe el corazón.
También me usan de basurero, de inodoro canino o de cama en la acera.
Apuesto a que jamás pensaste en mí.
Y ahora que estás aquí, de adulto, te veo feliz.
Te conocí siendo un bebé. Te vi crecer, caer, correr, comer, besar, amar.
Hoy te veo avanzar en la vida.
Te veo tomar valor, ponerte de pie, hincarte ante ella.
Tu novia desde hace seis años. Es bonita…
Pero si supieras lo que oculta.
Espero que te diga que no, de todo corazón.
Porque aquí mismo amó a otro.
Es uno de los secretos que quisiera gritar… pero no tengo voz.
Ayer mismo se sentó aquí con él.
Lo han planeado todo: la seducción, la traición.
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Quisiera hacer algo, poder decir algo… pero no puedo.
Apenas puedo rechinar mis maderas cuando están húmedas.
Pero estamos en verano. No hay lluvias.
Quisiera decirte lo que sé. El secreto que anhelo revelar… pero no puedo.
Quisiera decirte que ella no es a quien debes desposar.
Ella no es Erika.
¿La recuerdas, no?
Aquella niña. La que me dio vida.
Antes de ustedes no era consciente. No me importaba nada.
Mi existencia se limitaba a estar feliz porque alguien me usaba.
Pero ella… con su mente tan viva y creativa… me vio, como nunca nadie lo ha hecho.
Ni siquiera tú.
Me vio, no como un objeto. Sino como el objeto.
Me nombró Banca Nieves, ¿recuerdas?
Por mi pintura blanca de aquel invierno, y la nieve a mi alrededor…
Ay, esa niña…
La extraño.
Tú y ella pasaban horas en este parque, en esta tonta y vieja banca que se convirtió en espectadora de sus vidas.
Eran tan perfectos. Como amigos, novios, amantes…
Ella no es Erika.
Ella no te ama como mi niña.
Mi dulce niña.
Si tan solo estuviera aquí.
Si tan solo le hubieras seguido ese día…
El día que rompieron, porque ella se mudaría de casa y no podrían verse siempre…
Quién lo diría.
Si ella no hubiera subido a ese avión.
Si hubieras ido tras ella para detenerla… otra historia sería.
Me imagino que este momento sería con ella.
Comprometerte con Erika hubiera sido maravilloso.
Es una pena que ese vuelo desapareciera.
Aún pienso que ella volverá.
Es una posibilidad… supongo.
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Ojalá te diga que no.
Atentamente:
Tu banca.
Banca Nieves.
Con amor.