Me costaba respirar. Había corrido demasiado para mantenerme con vida… para terminar así.
Pasé sobre otros e incluso traicioné a Kay para sobrevivir. Pero ni siquiera eso —renunciar a mi naturaleza amable y protectora— sirvió. Fue difícil. Perdí a personas que amaba solo para salvar mi pellejo.

Y al final, esto es lo que tengo: un cuchillo y una decisión.

Es el último piso. Ni siquiera hay cocina aquí, es solo un almacén. Y lo único que encuentro es un cuchillo carnicero.
¿Qué hace aquí?
¿Es el objeto de mi salvación o de mi perdición?

No lo sé. Solo sé que esa cosa está aquí. Esa cosa que devoró a mis amigos. Y a mi amado Kay.
¿Vengaré su muerte?
Y de hacerlo… ¿a quién debo asesinar? ¿A esa cosa… o a mí?

Yo fui quien lo tiró por las escaleras.
Yo no regresé por él.
Yo no lo ayudé a salvarse.
Solo pensé que, por una vez en la vida, me tocaba salvarme a mí antes que a todos.

—"Tienes el trastorno del héroe" —me dijo alguna vez.
Pero ahora fui el villano.
Debería matarme aquí mismo.

Pero esa cosa… esa cosa seguirá viva.
Y no sé si solo vagará por este edificio o si saldrá y devorará a toda la ciudad.

¿Héroe o villano? ¿Qué soy?

Tomo el cuchillo. Paso el dedo por el filo. Siento cómo corta sutilmente la yema.
¿Servirá para matarla?

No soy bueno en combate.
Ni cercano ni a distancia.
Mi puntería es pésima. Y los golpes… bueno, se me da más recibirlos que darlos.

Estoy muerto.

Esa cosa está aquí.
Ya me vio… o me olió.
No sé si realmente ve o escucha.
Es repugnante.
Una masa enorme que devora todo.

Entró al piso.
Está a unos metros.

Me comerá.

Pero no puedo dejarla viva.

Corro hacia ella. Debo matarla.

Justo cuando estoy por apuñalarla, me atrapa.
Me tiene del pie, y aún así, sostengo el cuchillo en alto.

Empieza a subir por mi pantorrilla como una enredadera.

Le clavo el cuchillo.
No le hace nada.
Entra y sale como si nada.

No servirá de nada.

Estoy muerto.

La cosa sube por mi cadera, abdomen, pecho…
Me queda solo un brazo libre, temblando, el cuchillo limpio en mi mano.
No quiero morir así.

Entonces renuncio.
A salvarme.
A salvar la ciudad.
Ya no puedo hacer nada más que...

La sangre brota de mi pecho.

El cuchillo se ha clavado en mi corazón.

No podía morir devorado como mis amigos. Como Kay.
Tenía que vengarme de mí mismo… y de alguna forma, salvarme.

La cosa sube por mis hombros y cuello.
Mi visión se vuelve borrosa.
Se funde en negro.

Lo último que veo es el cuchillo.
Ese cuchillo que no debía estar ahí.

Supongo que yo tampoco debía estar aquí.
Ni esta cosa que creé.