¿Qué hay detrás de la oscuridad?
Kogan se preguntó eso cuando estuvo bajo el marco de la puerta.
Después de semanas de despertar a la misma hora de madrugada y ver la puerta entreabierta, por fin salió de la cama.
Tenía miedo. Era inevitable. Había algo detrás de la oscuridad, observando.
Lo sabía. Escuchaba su respiración, sutil.
Sentía su mirada, su presencia apacible al otro lado.
No creía en bestias ni monstruos.
Tampoco en entidades debajo de la cama o del más allá...
Pero algo que no sabía describir lo acechaba.
Y ahora estaba frente a él.
Sintió el cálido aliento de esa cosa.
Lo sintió cara a cara.
Él estaba ahí.
Sintió la oscuridad rozar su dedo cuando se atrevió a cruzar el límite del marco de la puerta.
Lo sintió con frialdad. Como si tocara el cadáver de algo... o de alguien.
Y entró en él.
Kogan despertó de golpe.
Jaló aire y el pecho le ardió.
El dolor fue intenso, pero el miedo podía más.
Sentía cómo esa cosa, la que estaba detrás de la puerta, había entrado en él, en sus entrañas.
Y entonces lo vio.
Vio su reflejo en la ventana.
Algo en él era distinto.
No supo cómo decirlo, pero sabía que ya no era él.
Era uno con la oscuridad.
La dejó entrar.
Dejó la puerta entreabierta aquel día cuando salvó a sus amigos.
El día que decidió dar su vida por ellos.
Si tan solo hubiera cerrado la puerta del umbral.
Si tan solo hubiera decidido seguir la profecía.
Si tan solo hubieran sido las 3:17 de la madrugada, ni un minuto más ni uno menos.
Si hubiera sido tan valiente ese día como para quedarse en ese lugar...
Eligió incubar la oscuridad en sí. Y en ellos.
Eligió por todos.
Un gesto egoísta.
Quizás por ello, la oscuridad lo eligió.
Porque fue cobarde.
Porque decidió no quedarse…
y no cerrar la puerta.
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